¿Qué es la insulina y para qué sirve?

La insulina es una sustancia que produce nuestro cuerpo para aprovechar la energía que proviene de los alimentos. Cuando una persona enferma de diabetes tipo 1 el cuerpo no produce insulina; cuando padece diabetes tipo 2 no elabora la suficiente o tiene dificultad para utilizar esta insulina en el cuerpo. En ambos casos la insulina se debe aplicar de manera externa.

La insulina que se utiliza en las inyecciones se elabora insertando en bacterias el gen humano, lo cual hace que las bacterias produzcan insulina humana, después es extraída y purificada. Existen varios tipos y se agrupan de acuerdo a la forma en que actúan, es decir, al tiempo de efecto en la sangre para disminuir la glucosa del cuerpo, por ello existen insulinas de acción rápida, intermedia y prolongada (pueden ir de 5 minutos a 24 horas).

Insulina isófana

Se caracteriza por ser idéntica a la insulina humana natural. Por su grado de pureza minimiza las reacciones alérgicas a la insulina. Está recomendada para los pacientes recientemente diagnosticados, así como para los que reciben un tratamiento intermitente con insulina; también en las embarazadas diabéticas, en pacientes que presentan efectos adversos con el tratamiento convencional y en pacientes dependientes. Es útil en los siguientes casos:

  • Cuando se requiera acción prolongada.
  • Como insulina basal en tratamientos con dosis múltiples diarias.
  • En regímenes insulínicos basados en dos inyecciones diarias.

Se administra vía subcutánea intravenosa e intramuscular una o dos veces al día, con prescripción médica; debe realizarse, de preferencia, en la parte superior de los brazos, muslos, glúteos o abdomen, los sitios deben cambiar, de manera que no se usen más de una vez consecutivamente. Después de la inyección de insulina isófana debe ingerirse una comida en un plazo menor de 30 minutos. Inicia su efecto después de su administración a la hora y media, presenta su efecto máximo de 4 a 12 horas.

Contraindicaciones: No se recomienda en casos de hipoglucemia, en el tratamiento del coma diabético y en casos de hipersensibilidad o susceptibilidad.

Precauciones generales: El médico debe vigilar el cambio de insulina cuando se modifiquen la refinación o pureza del principio activo, el fabricante o ajustes en la dosificación. Se han presentado pocos casos de pacientes que experimentaron reacciones hipoglucémicas con el cambio de insulina de origen animal a insulina humana.

Restricciones de uso durante el embarazo y la lactancia: Se recomienda intensificar el control del tratamiento en las mujeres diabéticas embarazadas. La insulina no atraviesa la barrera placentaria.

Reacciones secundarias y adversas: Las alergias a la insulina humana son muy poco frecuentes y se deben principalmente a anticuerpos de acción cruzada con las insulinas animales.

Interacciones medicamentosas y de otro género: El uso simultáneo de otros medicamentos puede influir sobre los requerimientos de insulina. Algunos pueden aumentar el efecto hipoglucemiante como: Inhibidores de la monoaminooxidasa, alcohol, agentes betabloqueadores, corticosteroides, hormonas tiroideas o anticonceptivos orales.

Manifestaciones y manejo de la sobredosificación o ingesta accidental: Se recomiendan los siguientes procedimientos:

  • Si el paciente está consciente, adminístrese glucosa por vía oral.
  • Si el paciente está inconsciente, adminístrese 1 mg de glucagón por vía intramuscular o subcutánea.

Recomendaciones sobre almacenamientoLas preparaciones farmacéuticas de insulina humana deben almacenarse entre 2° y 8°C. No deben exponerse al calor, luz solar y debe agitarse suavemente. No debe congelarse.

El vial en uso puede mantenerse a temperatura ambiente (25°C como máximo) por seis semanas.

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